Empresarios
por amor al arte
Las galerías de arte contemporáneo tratan de hacerse
un sitio en el negocio granadino, todavía muy centrado en lo
tradicional
M. CASTILLO /R. URRUTIA
El panorama del mercado del arte en Granada no es demasiado halagüeño,
aunque hay que dejar bien claro que no se debe ser derrotista, sino
todo lo contrario. Si bien el crecimiento de la provincia y su disparada
carrera hacia convertirse en una metrópoli es ya imparable,
determinados sectores están aún dominados por un provincianismo,
casi un localismo, del que están luchando por salir. El arte
no se libra de ese anquilosamiento y su mercado, aunque ya en marcha,
aún está lejos de consolidarse. La tradición
y el fuerte asentamiento de las grandes galerías y empresas
hegemónicas en el mercadeo de arte impiden que dicho mercado
crezca a la par que otros.
Está claro que los granadinos son aún tradicionalistas,
clásicos y provincianos, en el sentido del amor a sus tierra
y a sus imágenes. Por eso está claro que los retratos,
los paisajes, las acuarelas y plumillas del Albaicín, de balcones
del realejo o de estrechas calles iluminadas del Barranco del Abogado,
venden más que propuestas innovadoras. Pero ese mercado del
arte tiene un circuito en el que todos caben.
De todas formas, el perfil del comprador de arte contemporáneo
difiere del resto. En este último caso se trata de personas
en una segunda edad o mayores, que invierten no demasiado y que tienen
lugares fijos y habituales de compra. En el primero de los casos,
el cliente es un joven -cada vez más joven- que ya es prácticamente
coleccionista y que pertenece a una clase intelectual alta y con un
poder adquisitivo también relativamente alto o medio alto.
Porque los grandes compradores siguen acudiendo a galerías
y subastas de Madrid, Barcelona o, en último caso, Sevilla
y esas empresas, la mayoría multinacionales del arte, son las
que marcan la pauta y dejan a las demás que entren en lo que
se puede llamar un círculo cerrado; es una ley comercial de
la que no se salva el mercado del arte.
El gasto medio, según los profesionales del sector, es difícil
de cuantificar porque no son gastos habituales, sino que se hacen
de forma esporádica y normalmente cuando hay exposiciones,
pero cada vez son más quienes invierten cantidades relativamente
considerables y adquirir un cuadro o una obra vanguardista o contemporánea
por 600 euros ya no es una excepción, todo lo contrario, porque
en algunos casi se hace como inversión.
Porcentajes
Existen varios sistemas de funcionamiento en cuanto al movimiento
de dinero en torno a una obra de arte y son varias, aunque lo que
sí es cierto es que todas las galerías funcionan de
forma similar. Si el artista que expone es un pintor, por ejemplo,
de los que se llaman consagrados, o al menos ya consolidado como tal
en el mundo de la pintura, el porcentaje con la galería suele
ser del 50% de la venta, corriendo la empresa expositora con los gastos
de publicidad, introducción en el mercado, locales, mantenimiento,
seguros, etc. Eso sí, estos artistas suelen exigir un mínimo
de venta, en torno al 10%, que la galería tiene que asegurarle
o, en su defecto, asumir como gasto propio. En el caso de los artistas
emergentes es distinto. Los porcentajes suelen estar entre el 35%
y el 40% si la galería corre con los gastos, y el 20% si se
comparten porque además, si en los artistas asentados los precios
suelen ser habitualmente uniformes, en el resto dependerá del
momento y de la tendencia, por eso muchas galerías no pueden
ofrecer cifras fijas de facturación porque puede haber meses
que incluso no se facture y otro que se facture por tres.
En Granada son muy usuales las exposiciones colectivas, puesto que
es una forma de dar salida a los jóvenes que quieren abrirse
paso en el difícil mundo del arte aunque, eso sí, dentro
de una misma línea temática o artística.
En Granada se puede vivir de ser galerista, pero quien se decida a
entrar en el negocio por puro mercantilismo no lo tiene muy claro.
El galerista, como empresario, debe ser una persona comprometida con
el arte y con la tendencia que ofrece en las paredes de su galería,
debe estar identificado con lo que hace porque hacer negocio de esa
forma es lento y no se pueden esperar beneficios más que a
largo plazo. En cuanto a la competencia, los galeristas consultados
aseguran que la hay pero que es de la más leal que se pueda
encontrar en cualquier sector empresarial, no existe prácticamente
competencia desleal y el mercado negro que pueda existir funciona
al margen de estas galerías legales a las que tampoco parece
que haga mucho daño porque «es otro mundo».
No obstante, lo que sí está claro es que adquirir «productos»
en las galerías granadinas es una garantía, porque nos
quedaríamos sorprendidos de las adquisiciones que se hacen
a precios de oro y que no son más que falsificaciones. De todas
formas el mercado del arte no es un mercado oscuro, todo lo contrario,
cifras y sistema de funcionamiento están muy claros y son respetados.
El mercado negro es otra cosa que puede asemejarse a cualquier actividad
ilegal, sólo que en este caso el producto es un cuadro o una
escultura. De todas formas, algunos especialistas piensan que las
artes plásticas son una asignatura pendiente en Granada, «aunque,
claro está, hoy por hoy es más fácil exponer
y vender un cuadro que publicar un libro».
Ayudas institucionales
La tabla de salvación para muchos empresarios y, sobre todos,
artistas está en las ayudas institucionales. Ahí sí
que quizá Granada esté bastante bien organizada. La
Diputación provincial, La Junta de Andalucía, Cajagranada,
La Rural, los centros José Guerrero o Palacio de Los Condes
de Gabia son auténticos trampolines para jóvenes que
acceden al mundo del mercadeo como artistas y como estudiantes, es
decir, completamente desorientados. La facultad de Bellas Artes de
Valencia, por ejemplo, tiene una serie de asignaturas que llegan casi
a ser una especialidad, dedicadas al mercado del arte. Muchos alumnos
salen siendo marchantes de arte o galeristas y su formación
es la básica de cualquier empresario sólo que se van
a mover en un mundo más difícil desde el punto de vista
de la rentabilidad y los beneficios rápidos. Pero la visión
no debe ser negativa en Granada, sino todo lo contrario. Cuando hace
una década apenas si había una docena de galerías
de arte, en estos momentos se pueden encontrar de todas clases y colores,
tanto en el centro como en barrios tan populosos como el Zaidín.
Eso quiere decir que los artistas tienen mayor espacio como fabricantes
de un producto que hay que poner en el mercado; porque en definitiva,
y desproveyendo del carácter artístico de una obra,
se trata de eso, de un producto que hay que vender y que debe ofrecer
un beneficio al que lo hace y al que lo vende.
Nuevas tecnologías
Internet y el mundo digital han hecho su aparición en el mercado
del arte con tanta intensidad y hay algunas páginas que se
convierten en consulta diaria imprescindible para quienes viven de
una u otra forma del arte. En Granada, por ejemplo, la artista latina
afincada en nuestra ciudad Ivonne Sánchez
Barea, ha creado un auténtico circuito de arte con su
página «Eiseke», aunque
tiene otras, cada una dedicada a un aspecto artístico o comercial.
Como ella, aunque con menos ambiciones artísticas y más
mercantilistas, otros muchos han creado páginas donde los artistas
«cuelgan» sus obras a la espera de compradores.
La fotografía digital, internet y las nuevas tecnologías
son utilizadas no sólo para crear, sino para vender, para ganar
dinero y vivir del arte, que es lo al fin y a la postre se pretende
en el mercado del arte bajo su prisma comercial.